Ley del buen samaritano
Primeros Auxilios y RCP Nueva Zelanda
El Buen Samaritano: compasión y protección
Tomada de la Biblia (Lucas 10:25-37), la parábola del Buen Samaritano narra cómo un viajero dado por muerto es socorrido por un desconocido que lo cura y vela por él. Más allá de su contexto religioso, transmite un mensaje universal: la obligación moral de socorrer al prójimo en peligro, con compasión y altruismo.
Inspiradas en este principio, numerosas leyes del Buen Samaritano se han promulgado en todo el mundo para proteger frente a demandas a quienes prestan asistencia de buena fe en una emergencia. Sin embargo, el alcance exacto de esa protección varía de una jurisdicción a otra: a continuación encontrará lo que dispone la ley aplicable a su región.
Su proteccion bajo la ley
Nueva Zelanda no tiene una ley de buen samaritano específica, pero la protección deriva indirectamente de la Accident Compensation Act 2001, que establece un régimen de indemnización sin culpa y excluye en la práctica casi todas las demandas por daño corporal. Un rescatista queda, de hecho, protegido frente a cualquier reclamación civil de la víctima, esté capacitado o no. Además, la Crimes Act 1961 solo impone un deber de cuidado a quien tiene la custodia efectiva de un adulto vulnerable, y no un deber general de socorro.
Sin obligacion de actuar, pero con todas las razones para hacerlo
En Nueva Zelanda ninguna obligación general recae sobre el testigo de una emergencia: prestar auxilio es una decisión, y el régimen ACC hace que prácticamente no haya nada que temer de una demanda por daños y perjuicios. Una vez iniciado el rescate, solo se aplica un deber de diligencia proporcionado a sus competencias, algo que cualquier formación le ayuda a cumplir. En definitiva, el entorno jurídico neozelandés es uno de los más tranquilizadores del mundo para quien decide actuar de buena fe.
Por que la capacitacion es importante
Cada año, miles de neozelandeses sufren un paro cardíaco fuera del hospital, y su supervivencia depende a menudo de lo que haga el testigo en los primeros instantes: sin reanimación, las probabilidades caen alrededor de un 10 % por minuto. Ya sea en el centro de una ciudad o en una playa apartada de la costa, la ayuda no siempre puede llegar a tiempo, y es usted quien se convierte en el primer eslabón de la cadena de supervivencia. Una formación en RCP y primeros auxilios le da los gestos y la confianza para comprimir, ventilar y usar un desfibrilador sin esperar. Capacitarse es elegir no quedarse nunca impotente ante una vida que se apaga.